¿Qué queda del legado de Galán?

Treinta años después del asesinato de Luis Carlos Galán son muchas las letras y las palabras que han corrido y se han oído recordando el aciago acontecimiento que acabó con la vida del político, periodista, abogado y economista bumangués nacido en 1943 en el hogar formado por Mario Galán Gómez, presidente de Ecopetrol, y Cecilia Sarmiento Suárez.

Desde muy joven, Galán prestó sus servicios al país. Con 26 años de edad el ex presidente Lleras Restrepo lo designó miembro de la delegación colombiana a la Conferencia Mundial de Comercio y Desarrollo celebrada en Nueva Delhi, pasando, en 1970 a ocupar el Ministerio de Educación en el mandato del conservador Misael Pastrana, y de aquí, a ser el embajador de Colombia en Italia.

En 1976, con 33 años de edad, fue elegido Concejal de Oiba, un municipio de su natal Santander; y en las elecciones de 1978 salió elegido Senador de la República.

En 1979, ante el retiro de su mentor político, el ex presidente Lleras Restrepo, fundó el Movimiento “Nuevo Liberalismo”, una disidencia del Partido Liberal; y en 1980 fue elegido Concejal de Bogotá.

En 1980, en nombre del “Nuevo Liberalismo” participó en la elecciones presidenciales siendo derrotado por Belisario Betancur, el ganador, y por Alfonso López Michelsen; y en 1986 declinó a su aspiración presidencial adhiriéndose al ganador Virgilio Barco Vargas.

En 1987, bajo la mediación del ex presidente Julio Cesar Turbay regresó al Partido Liberal y participaría en las elecciones presidenciales de 1990, a las cuales no alcanzó a llegar.

En estas elecciones presidenciales de 1990 Galán enfatizó sobre lo que pudo haber sido su legado el de atacar y procurar la derrota del narcotráfico y su permisividad en algunos sectores de la sociedad y la política; promover la paz, la equidad y la igualdad por medio de la equidad social y la honestidad de los dirigentes políticos; igualmente proponía combatir la corrupción y el clientelismo, y además, se había comprometido en la modernización de los partidos políticos, las instituciones del Estado y en una nueva manera de hacer política.

Aunque en 1987 había regresado a las toldas de Liberalismo puede decirse que las impecables ideas del “Nuevo Liberalismo” nunca se apartaron de él como tampoco de los ex ministros de justicia Rodrigo Lara y Enrique Parejo; cosa que no puede decirse del ex presidente Cesar Gaviria, su jefe de debate, quien fue Presidente de la República gracias a un acto de emocionalismo por parte de Juan Manuel Galán, hijo mayor del inmolado líder, quien puso en sus manos las banderas de su Padre. Como Gaviria, lo mismo puede decirse de quien fuera su secretario privado, el periodista Juan Lozano.

Gaviria, a diferencia de Galán, fue débil con el narcotráfico, desistió de la extradición por vía administrativa dictada por su antecesor, el ex presidente Barco, y por el contrario, a cambio de no extraditar a Pablo Escobar le construyó la famosa “Catedral”, una cárcel llena de lujos y desde donde el mafioso seguía delinquiendo.

Gaviria, durante su gobierno, a diferencia de lo que proclamó Galán, la defensa de las instituciones y la productividad, golpeó fuertemente al campo colombiano al imponerle un brutal y lesivo modelo de apertura económica sin que este sector estuviera preparado para ello; conllevando de paso la corrupción en las aduanas del país, en los puertos de Colombia y al flujo de dineros procedentes del lavado de dineros del narcotráfico.

Finalmente, ¿qué diría Galán si supiera que quien por su causa se hizo Presidente ahora es un político de componendas burocráticas y digno representante del nepotismo, y además, sepulturero del Partido Liberal Colombiano? O, ¿si supiera que quien fuera su secretario privado, Juan Lozano, es ahora militante de la extrema derecha?

Luis Carlos Galán ofrendó su vida, y a treinta años de su desaparición es muy poco lo que queda de su legado inspirador en bien de la Patria.


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