-Llegó la hora ¡ATREVÁMONOS! –

Llegó la hora, todo tiene su tiempo, dicen las Escrituras. Se ha cumplido el tiempo. Este domingo 27 de octubre será el día de las elecciones, el día de las votaciones, y será el día en que debemos acudir a las urnas para cumplir con el respetable deber ciudadano de sufragar y con el cual se nos da la oportunidad, como constituyentes primarios, de expresarnos de manera libre sobre la escogencia de nuestros gobernantes, eso es, por lo menos, el deber ser de estos eventos de nuestra democracia, que, aunque imperfecta, es la democracia que tenemos.

Llegó la hora, en estas elecciones, atrevámonos a derrotar ese comportamiento abstencionista que se ha entronizado en los cartageneros aptos para votar como un estilo de desprecio o desentendimiento por la política y por lo público, que aunque con razón, posiblemente, no le hace nada bien a la democracia.

Atrevámonos a derrotar la abstención que, según registran los guarismos de Cartagena ha alcanzado vergonzosas cifras superiores al setenta por ciento en elecciones atípicas y de un poco más del cincuenta en elecciones ordinarias. ¡Atrevámonos a concurrir a las urnas!

Atrevámonos a votar a conciencia, a votar sin presión ni condicionamiento alguno, a votar sin el recibimiento de dádivas o dinero, o a hacerlo por la emoción y la esperanza de una promesa. Atrevámonos a votar por un programa de gobierno, independiente de la persuasión que puedan producir las encuestas. Atrevámonos a votar de manera responsable y sensata.

Atrevámonos a acudir a las urnas de manera espontánea, sin que tengamos que esperar que nos lleven y nos regresen; o que para hacerlo tengamos que esperar que nos den, lo que llaman, refrigerio. Abandonemos estas prácticas.

Atrevámonos a denunciar, con valor, las prácticas indebidas que perturban y alteran el libre ejercicio de los comicios; denunciemos la compra-venta de votos, el constreñimiento al sufragante, la alteración de los resultados, y todos los demás delitos que desvirtúan la bondad del evento electoral.

Tomando la decisión de concurrir a las urnas y votar a conciencia, sin coacción ni constreñimiento, y votando por cualquiera de las opciones que se ofrecen en un evento electoral, donde el voto en blanco es también una opción, estaremos contribuyendo a que sean unos pocos, esos que hacen parte del escaso porcentaje de participación electoral, los que elijan, con “amarra vaca”, como dicen, o con trapisondas o componendas al candidato que han fabricado para que sea el ganador en las elecciones.

Cartagena, es pues, el mejor ejemplo, de lo que ha sido equivocarse, en la mayoría de los casos, en la escogencia de sus gobernantes. Los hechos, las cifras y el estado de la ciudad hablan por sí solos.

Desde que en 1988 se dio la elección popular de alcaldes en Colombia en virtud del Acto Legislativo 01 de 1986, la ciudad Cartagena, debiendo haber tenido solamente ocho alcaldes elegidos popularmente, ha tenido hasta 2018, la deshonrosa y bochornosa cifra de ventidos, o sea, catorce más, incluidos los encargados y atípicos.

Indiscutiblemente la ciudadanía, el elector, el pueblo ha sido engañado, ha sido traicionado, los hechos y el estado de la ciudad dan fe de ello.

¡Atrevámonos este domingo! este domingo la democracia nos da nuevamente la oportunidad, una vez más, de elegir a nuestros mandatarios y a los miembros de nuestras corporaciones públicas, hagámoslo de la mejor manera, a conciencia, de manera sensata y no contribuyamos a que con nuestro abstencionismo sean pocos los que elijan, esos que en bajo porcentaje participan y terminan decidiendo por nosotros.

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