Existe una degradación de la política llamada politiquería.

Dice el libro: “Ustedes son la sal de la tierra. Pero, si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee”. Y en otro de sus apartes dice: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”

En Wikipedia se define política como toda actividad, arte, doctrina u opinión, cortesía o diplomacia; tendientes a la búsqueda, al ejercicio, a la modificación, al mantenimiento, a la preservación o a la desaparición del poder público.

Poder público significa conjunto de órganos e instituciones del Estado.

Estado es una organización política constituida por instituciones burocráticas estables, a través de las cuales ejerce el monopolio del uso de la fuerza (soberanía) aplicada a una población dentro de unos límites territoriales establecidos

Siendo, así las cosas, ¿Puede un cristiano participar en la política? Claro, hace parte del diario vivir.

Pero existe una degradación de la política llamada politiquería, que no es más que el uso de la política con criterios ruines y mezquinos en detrimento del bien común. La politiquería la podríamos definir como el uso indebido de la política y de esta última todo cristiano debe estar tan lejos como lo está el norte del sur.

Desafortunadamente, en esta última práctica han caído vergonzosamente la mayoría de partidos políticos dizque cristianos, haciéndole juego, asociándose, avalando y apoyando a candidatos de dudosa reputación personal o colectiva, y quienes han sido y son los responsables por siglos del estado social deprimente, corrupto e injusto que manifiesta nuestra sociedad. Estos partidos liderados y apoyados por reconocidos pastores o ministros del evangelio, sin respeto por las cosas de Dios muchas veces manipulan políticamente sus feligreses arrastrándolos al error motivados por ambición de poder utilizando equivocadamente el discurso del Reino, olvidándose que Reino es el gobierno de Cristo en el corazón del hombre. Hablan de sana doctrina, exigen sana doctrina, pero como dijo Jesús: “Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas”. Ignorando “No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.” han dado avales desconociendo que sus avales los hacen responsables de las actuaciones de sus avalados, muchos de ellos alejados de toda formación de Cristo en sus vidas.

Estos ministros, en vez de juzgar entre el bien y mal, entre lo bueno y malo, y entre lo santo y lo profano, igual que sus candidatos, se han silenciado en el Congreso, concejos y asambleas no siendo capaces de llamar a lo malo malo y a lo bueno bueno olvidándose de preceptos como “Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”. Han apoyado medidas y leyes que oprimen más al pobre y otras que no concuerdan con principios cristianos. Ya son cómplices de la degradación en la cual participan: “!!Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida; los que justifican al impío mediante cohecho, y al justo quitan su derecho!”. Bien lo expresó Jeremías: “Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras.”

Hombres y mujeres cristianos en política deben ser luz en medio de la oscuridad, pregoneros de la Verdad del Eterno Salvador, voces de verdad y justicia como Elías, Jeremías, Natán, Pablo o Jesús. Cada uno de los espacios los deberían aprovechar para predicar a Jesucristo, como bien lo hizo Pablo.

“Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo”.

239 total views, 239 views today

Fuente