Periodismo que difunde agravios e infamias por encargo.

Poco a poco y en la medida que transcurrirían los años posteriores a mi recibimiento como profesional de las ciencias de la salud animal, fui dándome cuenta que también, poco a poco, se iban despertando en mí otras vocaciones diferentes a la de mi formación profesional, y esas vocaciones eran las del servicio público y el periodismo, las cuales con el discurrir de los días y al parecer que iban madurando trate de perfeccionar para final y definitivamente echar anclas en la misión por el bienestar de los animales y en el deleite que dan las letras y la radiodifusión.

Con cuidado, “buena letra”, pero sobre todo con mucho respeto fui ahondando en el culto a la escritura y la expresión oral a través de medios de comunicación, procurando ejercer estas dos responsabilidades o aficiones, de manera justa y equilibrada, pero sobre todo con carácter decoroso y púdico sin violar la verdad, la independencia, la equidad e imparcialidad, la humanidad y la responsabilidad como los principios éticos del periodismo que de manera obediente deben guardarse con estricta observancia.

Pero me di cuenta que en Cartagena, especialmente, y a la luz del día de hoy, por causa de las pasiones e intereses políticos y partidistas estos principios de probidad en el ejercicio ético del periodismo parecen haber sido echados a un basurero; al punto que de aquel noble título de Cuarto Poder que de tiempo atrás se le dio a la prensa, al periodismo, es muy poco el honor que de él se hace en esta noble e ínclita ciudad.

Asistimos entonces, en la ciudad de Cartagena de Indias, a un modelo de periodismo, hablado y escrito, que ante sus preferencias o intereses personales, como los que se dan en la política local, no guardan recato alguno para lanzar toda suerte de diatribas, infamias, afrentas, oprobios, ultrajes, agravios y cuanta campaña de desprestigio se les venga gana contra las personas que no son de sus afectos o intereses personales, comerciales, contractuales o políticos.

Este mismo modelo desvirtuado del periodismo, ese que ha abandonado la imparcialidad y los principios básicos de la ética periodística, y que pareciera facturar agravios e infamias por encargos, es el mismo periodismo que no sólo defiende a ultranza lo que solo a ellos les conviene, sino que, además, sin reserva alguna se le ha dado por fungir o usurpar el papel de los Jueces de la República, y defender, como lo hacen, ese modelo de práctica politiquera a la que de manera eufemística llaman maquinarias o estructuras política, pero que en la práctica no son más que clanes y organizaciones mafiosas y criminales que cooptan a los gobiernos locales.

Este grupo de personas, discípulos del periodismo imperfecto, son esos mismos que posando de sabios, eruditos y científicos de la información y de la conducta electoral ciudadana parecieran que con su actitud dieran paso a sus alucinaciones y a sus pasiones mitómanas convirtiéndose en verdaderos sicarios de la verdad y del equilibrio informativo.

En Cartagena este modelo de periodismo que difunde agravios e infamias por encargo, y que ha venido haciendo carrera desde hace ya un buen tiempo en ciertos medios de la ciudad, pareciera que cada día ganara muchos más adeptos, entre otras cosas, y lo más triste, entre periodistas que se han formado en instituciones de educación superior.

Finalmente, y en aras de la paz política de la ciudad, y del respeto por quienes nos oyen y nos leen, la invitación es deponer este desvirtuado ejercicio del periodismo, y por contrario abrevar en los principios del buen periodismo que invita a la verdad, la independencia, la equidad, la imparcialidad, la humanidad y la responsabilidad.

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