¡A comer ñame se dijo! reconocimientos en San Jacinto!

Cuarenta afortunados sanjacinteros, la mayoría músicos encabezados por el más grande compositor vivo de Colombia – el maestro Adolfo Pacheco-, artesanos, profesores, gestores culturales y personajes como las hermanas Vásquez (famosas por su rectitud, religiosidad y sus galletas de limón) y Marlon el de los guarapos de la plaza y cortas palabras, recibimos una distinción por parta del Ministerio de la Cultura, La Alcaldía Municipal y otros organismos.

Viajé muy puntual desde Sincelejo para recibir, entre una cuarentena de reconocimientos, el que es quizás el más importante en mi carrera, por el significado de recibirlo en mi tierra y al lado de tan distinguidos coterráneos. Es posible que hayan faltado algunos, pero en los protocolos, por su misma solemnidad, siempre algo hace falta, como la luz, que se había ido el pueblo, en medio de un cielo hocicado por los puercos y la lluvia.

El alcalde Abraham Kamel Yaspe, aprovechó para recibir un balance exitoso y quizás sea casi imposible que un Alcalde de este pueblo pueda emularlo, en la revolución de las pequeñas cosas, especialmente en el sector donde más se siente San Jacinto, en la cultura. Igual destacar la labor de Lina Tapia, quien ha dinamizado este sector. Ojalá el alcalde electo pueda apoyarse en su experiencia, pues preparar un funcionario cuesta y es una inversión necesaria, en la que no se puede improvisar.

Que Jorge Castellar siga la hebra con gracia y armonía, conservando los avances y priorice dos cosas: el agua potable del rio Magdalena y construya un escenario múltiple para eventos. Lo demás vendrá por añadidura.

Sin duda, los músicos encabezaron el primer grupo, con maestros como Adolfo Pacheco (en quien me detendré un poco) Juan Polo Hernández, Chuchita; Carmelito Torres, Roy Rodríguez, El Peky Romero, Rafael Pérez García, Los hermanos Lora ( que no asistieron); Praxísteles Rodríguez, Oswaldo Olivera, entre otros.

Destacamos en el otro grupo a Mercedes Barraza y al profesor Wilson, a Chamorro.

Adolfo fue el primero en la lista. Se levantó con paciencia, apoyado en su bastón y con paso lento fue hasta el estrado y recibió la distinción, en la que está incrustada una hamaca. El maestro, quien ha recibido por lo menos 300 homenajes, entró un poco frio, dándole gracias a Barranquilla. Se oyó el murmullo por la equivocación, pero entonces vino lo maravilloso, el prodigio de mente que tiene el maestro para convertir un paso en falso en la oportunidad de probar su mente brillante. Claro, recordemos que Barranquilla fue la ciudad que acogió al Viejo Miguel cuando se convirtió en el primer desplazado de San Jacinto. Y también lo acogió a él (a Adolfo Pacheco) en aquellos largos cinco años exiliado porque unos hijos malos lo ahuyentaron. Eran tiempos en que tenía un par de zapatos negros que cuando se los ponía, los zapatos lo llevaban a San Jacinto. Alguna vez se los puso de noche y no aguantó las ganas de visitar el pueblo. Tomó la camioneta y la puso en marcha, en plenos tiempos de la guerra. Llegó de madrugada y aquella camioneta fantasma que hacia aullar a los perros de miedo transitó las calles gélidas y solitarias, donde no vio una sola alma viva, recorrió los lugares de sus parrandas y sus cuitas. No le bajó el vidrio a la camioneta. No vio a nadie ni nadie lo vio a él. Y con las mismas regresó a Barranquilla, satisfecho de haber visto su cuna.

Adolfo está plenamente de amores con su pueblo y con Ladys, que lo acompañaba. Y en poco más de cinco minutos, mientras recibía la distinción, el maestro convirtió la equivocación inicial (lo había traicionado el subconsciente), en un discurso de la vida bien contada, entonces, tras alabar a Barranquilla, donde también tiene su residencia, hizo una magistral pieza de memoria histórica.

Se declaró agradecido de Barranquilla y de Cartagena donde se graduó de abogado a los 40 años con tesis meritoria sobre derechos de autor, pero ciento por ciento san jacintero. Y demostró por qué. Su abuela era una indígena hacedora de los mejores bollos de San Jacinto, Crucita Estrada, quien se casó con un hombre blanco ojos amarillos, ojo de grillo. Pero también es negro por el otro abuelo.

Se declaró satisfecho por su gestión ante Sayco, porque su tesis de grado aportó en el mejoramiento de la vida de los asociados.

Al final, después de la foto oficial y la satisfacción del deber cumplido, Lina Tapia se preguntaba que si habría un reemplazo para semejante cabeza. Le dije que aún no era tiempo para eso, porque las grandes crecientes eran cada cincuenta años, lo que habrá que celebrar es que aún podemos disfrutar de su palabra y de tocarlo y reconocernos.

La mina, como lo dijo Juan Carlos Díaz, está allí, por donde pasa un rio de agua salada que no se sabe de dónde viene, ese que hace llorar a los patios, o como expresó Numas, hay que seguir comiendo Ñame, que parece ser el secreto de aquella vaina poco explicable, el Ser San Jacintero, único en su especie.

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