Adriana Lucía nos dio sopa y seco para llevar.

Hoy lloré dos veces. La primera por las palabras de Adriana Lucia, nuestra reina del porro (nunca lo ha sido Aglaee, quien acaba de dar otro traspié) y la segunda por Claudia López.

La alcaldesa de Bogotá se presentó tres veces a la Universidad Nacional y no pasó. Pero eso no la amilanó, de niña se la mató una hermana menor tragada por una claraboya, estudió con un préstamo del Icetex, después se ganó una beca para estudiar en la Unión Soviética y cuando tenía la maleta lista para viajar se cayó el muro de Berlín.

A los 43 años tuvo cáncer de seno. A esa edad le dijeron que se tenía que ir del país porque Kiko Gómez, el terrible politiquero de la Guajira la había mandado a matar. No la mató ni el cáncer ni Kiko y hoy es la primera alcaldesa de la capital.

Y Adriana Lucia, preparada y no tan bella como la actitud que tiene para descifrar el porro como un sentimiento, como un modo de vida, nos hizo erizar los pelos. La niña que estaba a mi lado, estudiante de trabajo social, oriunda de La Unión, también estaba eriza.Tiénteme, señor, me dijo la muchacha. La tenté. Tenía los pelos de punta.

Mientras algunos expositores insisten en definir las clases de porros y señalar sentimientos regionalistas, algunos de corte familiar, Adriana Lucia no pone orillas. Como Pello Torres, ella sabe que el porro es uno solo. Pero se está muriendo en nuestras manos porque preferimos a los foráneos y nos duele pagarles a los de nosotros.

Pero también criticó a los músicos, que se convierten en comité de aplauso para los políticos de turno. La corrupción en los festivales- para la muestra el Festival Sabanero- acaba con la música y con todo. Lobos con piel de Ovejas hacen daño.

Adriana Lucia compra peleas, se vuelve “inmamable” por sus verdades, pero está preparada. Sería bueno que esa cátedra dictada a capela por esta valerosa mujer, sea llevada de colegio en colegio a ver si se despierta el sentido de pertenencia por lo nuestro.

Transcribir esas palabras, debe ser un deber de todo dirigente cultural. Yo también corro riesgos, por decir cosas, como aquella de que a veces los periodistas tenemos la culpa cuando fungimos de asesores sin serlo. O cuando dramatizamos nuestra función, endiosando a quienes nos pagan por una asesoría. No podemos endiosar a los directivos de eventos, algunos de los cuales se creen más importantes que los propios homenajeados. Sin saber que no son eternos. Algunos puede que estén buscando mejor posición política. Se ve de todo.

La abogada Mónica Jiménez, sin ninguna duda, le está dando un nuevo estatus al Encuentro de Bandas. Lo ha estabilizado en una sola fecha y ha sido atinada en casi todo. Es guapa, inteligente, sabe lucir el sombrero, habla con soltura. Pero al parecer a veces exagera en la publicidad de su imagen. Ella no necesita dramatizar las cosas, pues su alegría es natural y eso le basta.

Una de estas noches recibí en el buzón de mi WhatsApp 38 fotografías de un evento del Encuentro de Bandas. Dos o tres eran fotos del maestro Leonardo Gamarra- el digno homenajeado- y el resto de la presidente, bailando, observando un cuadro, tomando chicha, posando, etc. Todas muy bellas, pero eso representa saturación, no solo de la oferta en el buzón que se repleta, sino del personaje. Mi humilde recomendación es resaltar a los músicos, que son los verdaderos actores del encuentro.

La Señora presidente se destaca por su inteligencia y su belleza natural. Una foto mas no sobra, pero puede saturar.

Espero sacar un tiempo para hacer una mejor crónica de Adriana Lucia, quien merece todos nuestro aprecio y admiración.

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