En Colombia asesinan a la democracia.

El país está invivible y desesperanzado. Hablar, opinar, disentir, proponer, son pecados mortales en esta Nación. Asesinaron entre otros, a tres aspirantes a alcaldía en las recientes elecciones y aquí no pasó nada. Como si todo fuera normal.

Enterémonos, que en una democracia que se respete, eso es impensable y hubiese producido un rechazo de millones de personas en las calles y estremecido al más fuerte de los gobiernos. Pero en Colombia no pasa nada. Todo es permitido. ¿Cómo así que asesinan a candidatos a alcaldías y se proclama que las elecciones fueron un éxito? Eso solo sucede aquí.

Continúa la matazón y la cúpula del Gobierno sigue intacta. Asesinaron al alcalde de Sutatausa- Cundinamarca, e incluida la corona de flores, se tiene como un muerto más. No es así.  Es un hecho delictivo de las más grandes proporciones, donde queda al desnudo la impotencia o negligencia del estado, para protegernos.

Estamos hablando de una autoridad elegida popularmente, que representaba a miles de conciudadanos, lo que equivale a haber disparado a esos miles de esperanzados. Lo peor, no pasa nada. ¿Dónde radica el éxito, tanto de las elecciones como del país?

Yo no lo veo. Lo único que observo, es que vamos por el siglo XXI y pareciera que estamos en un carnaval, extasiados, quien sabe de qué. Mientras la sangre corre, que suene la música. Paradójico todo.

Lo medio diferente han sido las marchas, que si profundizamos, su real motivo es que la gente no tiene un peso, ni para comer, porque todo lo acaparan unos pocos, de la más abominable manera, y si se les dice algo, dejan caer el peso del poder sobre el » insolente».

La desesperanza no tiene visos de terminar cuando en el panorama, salen macabros personajes como Gustavo Petro. El país no está bien y es el privilegio de unos pocos los que nos tiene así. Amén de una clase política de una voracidad económica y de poder insaciable.

¿Qué podemos esperar de unos dirigentes políticos como Paloma Valencia- que ella misma se cree merecedora de canonización y exaltación universal- que en plena efervescencia del inconformismo y dolor de la gente, incluida la muerte de Dylan Cruz, sale chachisticamente a gritar que era un vándalo, sin considerar que pudiera tratarse de un desesperado desesperanzado sin oportunidades que los «dueños del país» le quitaron? ¿Así se defiende un gobierno en crisis? Vaya manera tan inteligente de hacerlo, que si Einstein estuviera vivo, reclutara a tan » brillante e impoluta» dama.

Siempre he dicho, que para aspirar y posesionarse en esos cargos, se debe exigir evaluación psiquiátrica seria. Por ello, personajes como Paloma y Petro lo que necesitan es ayuda psiquiátrica.

Colombia está inundada de droga y sus intereses han permeado el poder y a los contradictores. No nos llamemos a engaños.

Por eso es que aquí todo importa, menos si asesinan a un aspirante a alcalde, a concejo, etc. y menos importante aún, si es, como ha sucedido con José Humberto Rodríguez, alcalde electo de Sutatausa, periodista, líder social o de opinión.

Eso no le importa a nadie, más allá de una mini noticia, porque los del poder – y no solo los que lo ostentan, sino los que lo pelean- están en su negocio socio.

En Colombia asesinan la democracia, que en plata blanca, nunca ha existido.

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