Opinión | Las cuentas de la leche, por José Félix Lafaurie Rivera

Por: José Félix Lafaurie Rivera
15 de Enero 2021

Dicen que muchos niños no relacionan la leche de una caja que toman en el supermercado con la vaca que la produce. Cierto o no, la verdad es que ni ellos ni sus padres tienen idea de todo lo que sucede para que esa caja llegue a sus manos.

En la mayoría de los casos hay detrás un campesino con un pedazo de tierra y unas vaquitas que alimenta con el pasto que nace silvestre. Algunos podrán alimentarlas con pastos mejorados, pero la cal, el abono, la semilla y la hora/tractor son caros. En verano tendrá que suplementar, con silo principalmente, también caro; y siempre tendrá que ofrecerles algo de costoso concentrado.

Este campesino madruga al ordeño, sin importar si es domingo o feriado, y también ordeña en las tardes, tratando de mantener fría esa leche hasta el otro día para que no se la rechacen, porque es muy poca para un costoso tanque frío, y la energía también es cara. Hace otros oficios y, seguramente, reserva un pedazo de parcela para una huerta de pancoger o algún cultivo que le dé un dinerito extra.

Nuestro campesino hace cuentas y espera, como en todo negocio, que el precio recibido cubra los costos y deje utilidad, así sea pequeña, que le ayude a subsistir; pero él no es “formador de su precio”, sino que se lo imponen, por lo que ya mencioné en columna anterior: Muchos ganaderos tratando de venderle su leche a pocas empresas que “mangonean”, comprándole a quien quieren, en la cantidad y al precio que quieren; y además, aunque compran menos de la mitad de la producción nacional, se apuran a importar toda la que pueden. (Lea: La “mala leche”)

Esta es una realidad con cifras. En 2020 la inflación fue de 1,61%, pero los costos de quienes se dedican solo a producir leche crecieron 6,7%; 4,1 veces más que los precios de la economía.

Descontada la inflación, el incremento real del precio al ganadero fue de 5.3%, pero en términos reales, frente a los costos crecientes, nuestro pequeño ganadero tuvo una disminución del 1,4% en su precio.

El concentrado, que depende mucho del precio internacional del maíz, aumentó 10,6%; 6,6 veces más que la inflación, mientras el del maíz subió apenas 4,9%, es decir, menos de la mitad del incremento del concentrado en el mercado local.

Los fertilizantes aumentaron 3,2%, el doble de la inflación, con un acumulado en los dos últimos años de 11,6%. Y hay más, porque los más utilizados dependen del precio internacional del petróleo, que tuvo una caída en los dos años de ¡-40,5%! ¿Por qué nunca bajaron?

Conclusión: No solo la industria láctea es “mala leche” con los ganaderos. Los productores de insumos también se enriquecen a costa de su esfuerzo, mientras muestro campesino, al final de sus cuentas, “mueve platica”, pero no cubre sus costos y se endeuda para subsistir.

Esta pérdida de poder adquisitivo del ganadero -un eufemismo para su empobrecimiento- también se expresa en su menor participación en el precio al consumidor. Hasta finales del siglo XX existió el famoso 70/30, pero luego la industria se enfocó en derivados gourmet, costosos empaques y leches de larguísima duración que el consumidor no necesita, al tiempo que los grandes comercializadores aumentaban su tajada, casi invirtiendo la relación hasta un actual 40/60.

Afortunadamente, el ministro Zea y el viceministro Botero han mostrado receptividad frente a nuestras reflexiones y propuestas, en busca de soluciones que le garanticen un mañana a la ganadería de leche. Fedegán estará atento a su discusión e implementación en beneficio del ganadero colombiano.

@jflafaurie

Nota bene: remitida mi columna a los medios que gentilmente la publican, conocí la inesperada partida de un Colombiano ejemplar: Alejandro Galvis Ramírez; forjador de empresas, de inmensa solidaridad social, amante de nuestra música, en espacial el Vallenato y un verdadero amigo. Quienes tuvimos la fortuna de compartir su amistad no podremos olvidar su enorme legado. Deja un gran vacío. 🙏